Matemáticas, geografía y zoología

Como ando un poco cansado y aun más ajetreado, no estaba muy por la labor de entrar en materias demasiado áridas en esta ocasión, así que se me había ocurrido echar la vista atrás a algún juego infantil. Y en eso estaba cuando me ha apetecido dedicar esta entrada a un pequeño divertimento, que puede resultar de utilidad para distraer a un chaval a la vez que le da un poco al coco… así como a individuos no tan chavales. Se trata de una triquiñuela que seguro que a casi todos nos han hecho, pero que lo mismo no todos recordamos, así que, amable lector, si no te cojo muy ocupado, sería un detalle si pudieses ir siguiendo estos sencillos pasos a medida que lees (no temas, no hace falta lápiz y papel… ya llegaremos a ese punto). Bueno, no aburramos más y vamos al toro.

Calcémonos nuestra mejor careta de prestidigitador y pidamos a nuestra audiencia que piense un número cualquiera (entero mayor que cero, si queremos ser quisquillosos); podemos restringir un poco si nos interesa hacerlo más fácil; sugiramos por ejemplo un número entre 1 y 1000.

Pidamos entonces que sumen todos los dígitos del número y que repitan esta operación con los dígitos de la suma resultante tantas veces como sean necesarias hasta que obtengan un número de una sola cifra.

Pediremos seguidamente que el número obtenido de todas estas sumas lo multipliquen por 9, y que a continuación vuelvan a sumar los dígitos del producto, y que repitan la operación hasta quedarse nuevamente con un número de una cifra.

Acto seguido podemos tranquilizar al público indicándoles que ya sólo queda una sencilla operación por realizar, consistente en restar 4 a la cantidad obtenida.

La penúltima parte de la función consiste en solicitarles que hagan corresponder al número obtenido la correspondiente letra del alfabeto español por orden; seamos meticulosos y consideremos, como es de ley, que la ch, según la RAE, es letra independiente de nuestro alfabeto (evitemos chusma chunga que pueda hacer chanza de nuestra chapuza lingüística), y por tanto las correspondencias serían como sigue:

1 –> A

2 –> B

3 –> C

4 –> CH

5 –> D

…y así sucesivamente.

Pediremos que no olviden por tanto esa letra, y que consideren también, por favor, la letra siguiente del alfabeto. Así pues, podemos explicar que si habían obtenido como suma un 2, tendrán que memorizar las letras B y C.

Finalmente, y para terminar, ligando el apasionante mundo de las matemáticas con las no menos interesantes disciplinas de la geografía y de la zoología, solicitaremos a nuestra seguramente ya cansada audiencia que piense en un país que comience por la primera letra que han obtenido, y en un animal que comience por la segunda.

Y como redoble del espectáculo, puedes, amable lector, informar a tu público de lo mismo que te recuerdo yo ahora, que no hay elefantes en Dinamarca.

Resulta un truco mucho más efectivo practicado que leído, eso es cierto, aunque con independencia del resultado y la florituras, la base que lo sustenta es una propiedad de la Teoría de Números que ya nos contaban en el colegio, enmarcada en los llamados “criterios de divisibilidad”:

Un número entero positivo es múltiplo de 9 si y sólo si la suma de sus dígitos es a su vez un múltiplo de 9.

Como consecuencia (ondea el término corolario), si sumamos reiteradamente los dígitos de un múltiplo de 9, obtendremos necesariamente el número 9, ya que es este el menor múltiplo de 9 que existe.

La primera parte del truco es puro teatro; podemos por supuesto solicitar mil y una acrobacias numéricas con anterioridad a la multiplicación por 9.

A partir de ahí es todo un ejercicio de probabilidad (materia a la que dedicaré una de las próximas entradas) y suerte (factor que se encuentra presente en todos los ámbitos de las ciencias, en mayor o menor medida). Países que empiecen por A se nos vienen varios a la mente sin mucho esfuerzo: Alemania, Austria, Argentina…; animales que comiencen por B hay algunos: burro (borrico), ballena… Una combinación razonablemente coherente pasa por minimizar las opciones de búsqueda de nuestro interlocutor, máxime teniendo en cuenta que no podrá googlear la respuesta; el primer país que comienza por D que se nos viene a la cabeza es Dinamarca, y el animal… bueno, “escarabajo” sería técnicamente válido, pero por mucho que le pese a los insectos, como en tantos otros ámbitos de la naturaleza (especialmente en la humana), el tamaño suele importar.

 

 

 

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20110904_matematicas_geografia_y_zoologia_-_elefante

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